Jordi contreraS

Evoco contextoS

Silver

Llegó un día, como lo hiciera antes cualquiera de los pobres diablos que estaban allí. Tenía unos 50 años aunque aparentara cerca de 70; una persona alegre de fondo triste al que su pelo color plata le otorgó el nombre.

Se movía pausadamente pero con extraña soltura, lejos, como si nada ni nadie pudiera alcanzarle; con cierta sonrisa triste llena de paz fija en el rostro.

Al llegar la noche, le gustaba acercarse a la hoguera y contar historias con su hilo de voz rasgado: un susurro penetrante que te anclaba al suelo intentando amortiguar el más mínimo ruido. Nadie más en aquel lugar conocía el mundo exterior y lo que esperaba más allá del infierno conocido. Hablaba de otros, de los que vivieron lejos, los que trajeron, los que intentaron marcharse y de los pocos que lo consiguieron. Hablaba de otros sitios: de altas montañas, parajes verdes y zonas frías… incluso hablaba del mar. Pero si por algo destacaba era porque atendía; porque sabía escuchar las ganas y hacer de los sueños algo plausible. Podías quedarte toda la noche pintando vivo tu sueño con esa sonrisa felizmente triste reafirmándote, hasta que casi podías tocarlo.

Podría decirse, sin miedo a equivocarse, que en cada plan de huida, en cada fuga, había un pedazo de Silver.

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