Jordi contreraS

Evoco contextoS

MG-HM-FW

Llegamos al final del territorio conocido.

Pese a encontrarnos en el mismo paisaje, podíamos distinguir claramente la frontera. Todo cuanto había más allá de aquellos árboles y piedras, se notaba extraño, oscuro, frondoso… hasta el aire parecía distinto: denso y pesado.

Estando allí en pie, entre ruidos ahogados en verde y el viento zarandeando las ramas, nos asaltaban imágenes del peligro acechando tras la densa vegetación, tras cada roca o promontorio.

Si algo teníamos claro, es que allí podía esperarnos cualquier cosa, y que ninguno de los presentes formaba parte de ello.

En esa dimensión externa, todo era exactamente igual y, a la vez, completamente diferente.

Con esa certeza traspasamos la línea y dimos los primeros pasos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *