Jordi contreraS

Evoco contextoS

La búsqueda

Pensó en darse la vuelta. El miedo calaba hasta los huesos, pero la misma fuerza que lo apartaba, lo devolvía al camino; solo unos pasos más, quizás tras aquel risco… por si había suerte.

Caminaba con cuidado, de punta a talón, amortiguando el ruido en un movimiento continuo y fluido. Y su mente seguía la misma senda: atento a cuanto había alrededor; sin anclarse a lo que quedaba atrás, ni perderse en las marañas difusas de lo que había por delante.

Solo un paso más. Y si no, “regreso a la tribu” se dice; aunque sabe que no hay vuelta atrás. Que si vuelve sin nada, nada será.

Entonces, lo ve. Imponente, de grueso pelaje pardo, hocico cuadrado y grande jiba entre los hombros que carga y tensa potentes brazos con fuertes garras.

Erguido, alto como una montaña, olfatea el aire y fija su vista en él.

Las piernas flaquean, el ánimo duda y hace falta un esfuerzo sobrehumano para asir con fuerza el cuchillo; única arma disponible.

Sabe bien lo que hay que hacer: enraizar los pies en el suelo y esperar el ataque, hasta ver el momento oportuno, zafarse y hundir la hoja desnuda en el corazón.

Pero algo ocurre. El coloso no se mueve. Se queda quieto, observando.

Y él se mueve a uno y otro lado, esperando la reacción. Mas el animal se limita a seguirle con los ojos.

Incrédulo, se acerca un poco más y la situación es la misma. Sigue avanzando, empujado ya por no sabe qué extraño instinto, hasta poderlo tocar con las manos desnudas. Y la bestia baja las patas delanteras, volviendo a su posición habitual.

Se quedó un rato allí, junto a aquel coloso, con los sonidos del bosque y el viento susurrando entre las ramas: en calma.

Y mientras volvía se preguntó una y otra vez, cómo iba a contarlo. Cómo podría explicar aquello sin que la tribu pensara que no se había atrevido, que había abandonado su búsqueda. Pero las cosas contadas desde dentro, en un erizar de nuca, siempre se reconocen como ciertas, sin importar lo extraño de su naturaleza. Al menos eso es lo que le dijo uno de los ancianos el día que Oso Tranquilo, recibió su nombre.

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