Jordi contreraS

Evoco contextoS

El buró.

Cuando escribo dentro de casa lo hago en un buró. Es un mueble castellano antiguo, de esos que tienen rectángulos de madera encajados en listones más gruesos.

Lo compré de segunda mano hace ya unos años. Fui con mi mujer a por él y a por otros muebles. Tres cuartos de hora de coche, porque era algo que buscaba ya hacía tiempo y porque las otras piezas también nos interesaban.

Al llegar al trastero donde estaba guardado el alijo, vimos que todos los muebles habían sufrido un serio ataque de carcoma y termita. El resto de piezas se quedó allí, pero, después de echarle un ojo y valorar lo que costaría de restaurar, el buró se vino con nosotros.

Salió del coche, recio, firme, con las heridas del ataque xilófago bien a la vista. Pero el golpecito de dejarlo en la terraza hizo que una de las puertas llorara serrín. Al ir a revisarla, un listón se resquebrajó en mi mano con la consistencia fina del papel que dejan las termitas. Después de invocar a los debidos seres del averno y blasfemar en arameo, comprobé que solo un listón estaba gravemente dañado. Así que extraje la pieza con caries y contactamos con un amigo para ver si podía hacer una réplica del listón.

Lo que vino después fue el procedimiento normal: lijar todas las partes, inyectar en cada agujero tratamiento para termita/carcoma, empapar todo el mueble (a brocha) con el mismo producto y, finalmente, enfundar en film negro para dejar actuar durante 1 mes.

Pasado el tiempo llegó la masilla para los agujeros más escandalosos, me gusta dejar algunos (que se vea por lo que ha pasado), un último lijado y las 3 capas de barniz transparente más una de roble oscuro, con sus correspondientes lijados entre una y otra capa para dar volumen y consistencia.

Entonces entró en casa; flamante, con su historia por delante y, de nuevo, firme, recio y sólido como en realidad es; un mueble por entero de madera, con varios tonos y tablas traseras de 2cm, nada de planchas de fondo de armario ni aglomerado.

Le busqué un buen sitio y en torno a él crecieron varias estanterías con libros y un asiento: mi espacio de escritura.

Por eso mismo, más que por cualquier otro motivo, cuando escribo dentro de casa lo hago desde mi buró.

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