Jordi contreraS

Evoco contextoS

Balas: Kurt y Beauregard

Mirada en calma, riendas tensas y caballos a galope tendido con el carro dando bandazos tras cada curva.

—”Es una tontería de nada y se cobra muy bien…”

No puede ser, te dije. “Sí, sí; la señora vino con esa vajilla del este cuando tenía 19 años, y la tiene en muy alta estima.” Ya, pero… ¿tanto como para pagar 500$? “Hazme caso”, dijiste, “tengo buen olfato para estas cosas…” Y mira que estabas seguro… Pero ese opio que hay en las cajas lo complica todo, ¿eh? Ahora con los chinos, los Loder y los del Gold Lucky pegados a nuestros talones ya no parece tan buena idea, claro. Porque no van a dejar que paremos. Primero acabarán con nosotros y luego ya se matarán entre ellos por el botín. Y aun así saldremos de esta, no sé cómo, pero lo haremos; siempre lo hacemos.

Sacude de nuevo las riendas e invoca a las bestias, ajeno a las balas enemigas y a los disparos que su compañero envía hacia atrás mientras escucha la queja con rostro sereno.

—Eso sí… la próxima vez que me vengas con uno de tus planes, recuérdame que te reciba con los oídos bien abiertos y los puños cerrados.

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