Jordi contreraS

Evoco contextoS

Modulación mouseguardiana

Algo que me sigue fascinando de Mouse Guard es su capacidad para variar el tono de las partidas, concretamente su intensidad.

No estamos ante un juego de ratoncitos que interactúan ante un mundo enorme… y sí.

El mundo que David Petersen presenta en sus cómics marca un tono que sabe ser alegre y triste, conciliador y crudo, hostil y acogedor, lleno de esperanza y desalentador. Un mundo donde los asentamientos recuerdan la calidez del hogar, y el exterior un espacio oscuro y misterioso, maravilloso y salvaje, caótico y aterrador, al más puro estilo del bosque medieval, y en el que, sin embargo, el grupo de Guardianes ha aprendido a vivir y a apreciarlo.

Y es que Mouse Guard ofrece la aventura de cruzar un río sobre una hoja, curar la pata de nuestro fiel escarabajo, devorar una rodaja gigante de fruta hasta no poder más y echarse una siesta, o iniciar un conflicto recolectando un gigantesco manzano en pleno otoño ventoso… Todo esto puede darse (y se da) mientras se discute si es mejor la cesta de acículas o de esparto, si comer espadañas recién asadas o desgranar una mora en lo más caluroso del verano.

Pero también es un mundo épico, aventurero, que va de hacer frente a un entorno hostil, de ofrecer protección, ayuda y libertad a aquellos que aun no se atreven a salir al camino; de inspirar, de errar en ambos sentidos y de sobreponerse, no porque se sea más fuerte o más grande, sino porque se es un Guardián.

Y también puede ser un lugar vasto y terrible; una tierra de colosos donde todo es más grande, más ágil y más fuerte; donde nada hay a nuestra medida y aun así nos plantamos; donde un depredador es capaz de destrozar nuestro hogar con la misma facilidad con que se quiebra una ramita, dejándonos con la desoladora certeza de que todo cuanto nos pareció seguro, ya no existe… pese a lo cual, volvemos a alzarnos y a empezar de nuevo.

Un mundo lleno de bestias impresionantes que nos superan y ante las que poco hay que hacer; porque, por mucho que mejoremos, seguiremos siendo lo ínfimo si no pequeño, y en el que perseveraremos porque simple y llanamente decidimos hacerlo, contra toda lógica, porque un Guardián prevalece. Y es ahí donde reside la intensidad máxima: en el ser imperceptible en medio de un vasto universo que ni siquiera lo tiene en cuenta; en el mur que, ante la vastedad de un terror lovecraftiano, decide ceñirse la capa, apretar los dientes y seguir adelante. Y puede que haya pérdida, y que no regresemos; pero habremos estado. Y si no caemos, seguiremos. Esa fuerza emitida, ese pequeño pulso o latido en medio del inmenso bosque, es lo que da sentido, porque: aunque muchas cosas pueden matar a un ratón, nada acaba con un Guardián.

Alza ahora esa copa, Evocador, esta va a tu salud.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies