Jordi contreraS

Evoco contextoS

Sangre nueva

Cuando empezó esto, allá por los 80/90, lo hizo como un pasatiempo de gente joven; alguno había más granado, pero la mayoría éramos chavales tirando dados y pasándonoslo de muerte hablando en voz alta casi en cualquier lado de cómo tomar un castillo, burlar un destructor imperial, colarnos en una secta primigenia, detener al caballo de hierro, derrotar al maligno o cualquier otro asunto que transcurría en un mundo paralelo al que accedíamos en torno a una mesa y recordábamos en la cola del pan, esperando al autobús o en medio de clase.

El caso es que los años pasaron pero la afición no. Llegaron las canas y la gente empezaba a preguntarse qué pasaría después. Porque con el tiempo estuvo claro que el que era rolero seguiría siéndolo, aunque fuera en esencia o recuerdo. El problema venía del estrato inferior de la pirámide poblacional, lo que algunos (no solo los colmilludos) empezaron a llamar “sangre nueva”.  ¿Se acabaría esto con nosotros? ¿Hasta aquí habíamos llegado?

Y mira por donde la cosa tiró para adelante. Muchos empezaron a reproducirse, como los hongos o como les diera la gana. Y sin tiradas, aunque quizás algun@s se animaran, cada un@ en su alcoba como le venga en gana.

Así que llegaron los pequeñines, traidos por sus progenitores o usurpados a otros familiares. L@s d2 o d4 entraron en las mesas de juego y demostraron de nuevo todo lo que aporta la variedad a una actividad que, no me canso de decirlo, fluye y crece con todo lo que le echen.

Un jugador de corta edad tiene el pacto ficcional a nivel estratosférico. Su inmersión es sencillamente maravillosa, algo a tener en cuenta y recordar para cuando tiremos dados en mesas más experimentadas. Entran en juego y lo hacen tanto que lo que hay que vigilar, además de un tono adecuado a su edad, es la otra vertiente, la mecánica o el sistema. Es en las reglas, los números y demás donde encuentran los escollos. Así que hay que hacerlo sencillo, pero no porque no puedan, no porque no les dé a esas pequeñas mentes; sino porque si existe un verdadero motor, es el interés; porque para que ocurra la magia y desplieguen su tremendo potencial, sencillamente tiene que gustarles. Piden sencillo porque no necesitan tablas y números que simulen lo que está ocurriendo, no necesitan sistemas complejos porque lo ven claro con cuatro puntales a los que acogerse. De hecho, cuando entramos en una de esas partidas, nos damos cuenta de un par de cosas: de que un sistema sencillo nos gusta a todos (ahí tienes la fiebre de los retroclones, el fudge y otra serie de sistemas tan sutiles e hipnotizantes como el titilar de una estrella); y que una vez traspasamos el “todo vale”, en plena frontera, la experiencia es increíblemente divertida y liberadora; ahí está la gamberrada del Fanhunter o la locura de Mundodisco donde lo que genera suspicacia es lo más sensato y, como en los bosques de Nunca Jamás, lo extraño e imaginado toma formas y colores vivos.

Y no acaba ahí la historia. La incorporación de esos d2 y d4, nos hizo plantearnos si se podría enseñar con esto del rol, si podría aplicarse como una herramienta educativa, sea para enseñar contenidos, pautas o conductas. Y funciona, vaya que si funciona; hasta el punto de que si te metes en una mesa codo con codo con estos pequeños seres, acabas dándote cuenta de que no solo es que funcione, sino que 9 años no es lo que imaginábamos y que al final, como siempre que te acercas al niño invocando al tuyo, te sorprendes y aprendes.

Hace un porrón de años, fácilmente unos 20, dirigiendo una partida a Far West, entre todo el grupo había un chiquillo, solo uno. Preocupado por si la temática pudiera no interesarle, por si sería mejor algo de fantasía o futurista, descargué un poco de pólvora del tono y le di un tiento a las riendas esperando que todo fuera bien… al final de la jornada, cuando tocó cabalgar hacia la puesta de sol, la partida estuvo bien, nos echamos unas risas y la gente acabó contenta, pero aquel chaval lo vivió como nadie, hasta el punto de que si había un vaquero en la sala, era él; tanto que al día siguiente me trajo un dibujo de su personaje (mucho mejor de lo que yo lo haría, por cierto) que a día de hoy aún conservo plegado, dentro del manual.

Que tengas una instructiva y vívida partida.

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