Jordi contreraS

Evoco contextoS

Plemis

La noche se difumina, el cielo comienza a clarear y dos figuras esperan sobre una gigantesca roca los primeros rayos del sol.

—Nunca había disfrutado tanto los amaneceres como ahora.

La otra figura apenas se limitó a asentir.

—Aún no me has dicho cómo lo conseguiste… En el círculo ya suponíamos lo peor.

—Me lo encontré en el camino. Fue él quien me acompañó de vuelta.

Los ojos se abrieron como platos y una mirada inquisitiva se perdió en la figura con la mirada anclada en el horizonte.

—¿Es cierto? ¿De verdad existe?

Asintió en respuesta.

—¿Bueno, y cómo es? ¿Es cierto lo que cuentan?

La figura abandonó el horizonte y se giró con cierta sonrisa de extrañeza.

—Pues es un tipo normal. No muy distinto a cualquier viajero: trato agradable, buena charla, a veces en exceso, y siempre con una sonrisa, incluso cuando el mundo se retuerce a tu alrededor. No es un guerrero ni un protector ni un gobernador, podría ser un loco, pero ha decidido atarse demasiado a este mundo. Y sí, es verdad lo que dicen, decidió seguir siendo caminante aun cuando lleva más tiempo en esto que cualquiera de nosotros. No sabría explicártelo pero caminando a su lado no hay sensación de ahogo ni olor eléctrico, el terror parece discurrir por otro canal y es fácil evitar cualquier manifestación involuntaria.

Miró un segundo hacia arriba, buscó en los recuerdos el sentimiento y las palabras fluyeron cómodas.

—…el caso es que no supone una protección ni un valor activo en el combate; simplemente ocurre que ahí, caminando codo con codo, el mundo parece suavizarse. Lo ves y tienes una sensación cómoda, de ausencia de control, y pareces estar pasando tan solo un rato alegre y distendido, como esos que persisten en el recuerdo, pero cuando te alejas comprendes que algo ha cambiado y de alguna forma te ves más capaz.

—Dicen que se negó a aceptar cualquier cargo en el círculo. Que prefirió seguir siendo un caminante para “charlar con los que encontrara en la senda”.

—Y así es. No sabría decirte a qué responde. En otra persona podría ser consecuencia del pasado, o una necesidad de huir, de moverse continuamente incapaz de anclarse a nada, pero no es eso. ¿Sabes?, si me preguntas el porqué, te diría que lo hace simplemente porque así es feliz.

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