Jordi contreraS

Evoco contextoS

Herencias

Perdimos casi todo cuanto teníamos en el camino, solo para descubrir que en realidad ya no nos hacía falta nada.

Al principio nos costó comprenderlo, pero por mucho que cargáramos la carreta, nunca podríamos traernos el este.

Colocamos en cada uno de aquellos objetos, recuerdos y vivencias de la casa que dejamos atrás. Encerramos en aquellas cosas los rostros de allegados y la comodidad de aquello que llamamos civilización. Y cuando se esfumaron para dejar sitio al agua y materiales necesarios para nuestra propia subsistencia, nos dimos cuenta de que solo eran cosas y que todo lo que se marchó con ellas, en ningún momento nos acompañó de verdad.

La gente que debió estar, se mantuvo firme en el recuerdo, pasara lo que pasara. Y recurrimos a ellos, a sus palabras y a sus historias en los días más duros; cuando decidimos apartarnos de la caravana y seguimos nuestro propio camino aun a riesgo de caer en el intento. Aportaron calor en las noches frías, paciencia cuando la escasez nos ponía uno contra otro y lucidez para comprender que toda costumbre arraigada dejaba de tener sentido en un entorno en que dos pares de brazos deben trabajar en equipo, codo con codo.

Y valoramos lo que tuvimos y lo que decidimos guardar por absurdo que pareciera, porque, después de todo, era lo que de verdad queríamos tener: el papel y tinta de tu madre y el siempre fiable rifle del abuelo que fui incapaz de cambiar por otro de menor edad y mayor cadencia de fuego.

Apuestas contra toda lógica que funcionaron. Pues tal y como empezamos a deshacernos de cosas, tu madre comenzó a llenar las páginas de aquel cuaderno. Primero con lo que nos pasaba, después con lo que descubrimos y aprendimos a usar en nuestro nuevo hogar. Y yo aprendí a confiar en mis propias habilidades, a no desperdiciar nada y a que el mejor disparo es el que no se dá.

Te digo que llega un momento en que descubres que el entorno habla si sabes escuchar, que la naturaleza regala a aquel que la usa salvaguardándola y así el todo se conforma a partir de la nada.

No se trata solo de no necesitar, lo cual es vital; sino también de saber aprovechar lo que hay sin esquilmar. Entramos aquí y conseguimos fusionarnos de alguna forma con lo que había. Pero además vimos que muchas necesidades cayeron con aquellos objetos y el peso de lo que es básico se volvió mucho más liviano.

Te digo esto porque pronto te tocará elegir, podrás ir adonde quieras y escoger tu forma de vida. No lejos de aquí encontrarás asentamientos donde poder afincarte, los de los poblados cercanos nos conocen y no tendrás problemas para encontrar alojamiento y trabajo. El mejor regalo que podemos hacerte es saber qué es lo que realmente te hace falta y cómo teniendo eso ya puede caer lo que caiga que nada te ha de derrotar completamente. Has vivido feliz con nosotros, prueba ahora otras cosas, pero guarda este conocimiento bien adentro, de forma que recurras a él cuando todo parezca injusto y no haya salida a la vista; atesóralo como el mayor filón del mundo, porque esto sí que es oro.

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