Jordi contreraS

Evoco contextoS

Hasta aquí

-¿Pero qué dices?

Dispara en labio arrugado, boca seca y encía a la vista.

-Que no tenemos otra… yo lo tengo claro, ¿y tú?

Escupe la voz más alta de lo normal; con el agudo de quien se planta ante la tormenta, pero no deja de temerla.

Siente áspera la corteza en la espalda. Busca espacio en la cabeza para responder. Vista desenfocada sobre el brillo apagado del revólver: pesado, incómodo, extraño, como un aplique que no va con él… y aun así sonríe.

-¿Y por qué no?

El caso es que podrían haberse alejado; haber cambiado de vida, destino y dirección. Pero decidieron quedarse.

Cuando suena el primer disparo en el bosque; ya no hay vuelta atrás. Los pulgares vencen la rigidez del metal hasta encontrar su sitio.

Espalda contra corteza, honda respiración y golpe de aire mientras el cuerpo entero gira con la rapidez de la urgencia y la calma de quien asegura el tiro.

En un segundo, todo se vuelve más crudo y vivo a la vez; el aire entra en torrente, aparece claro el camino y, al apretar el índice, el plomo incandescente arrastra en su silbido todo el vértigo y temor hasta estrellarlo contra el enemigo.

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