Jordi contreraS

Evoco contextoS

Diferenciando pinos

Hace poco tiempo empecé a mirar hacia los pinos con ojos de herbario, simplemente para saber cuál es cuál. Porque si por aquí crecen principalmente pi blanc o carrasco y pi roig o silvestre, toca saber diferenciarlos.

Y lo cierto es que una vez se aprenden las piezas del puzzle, pronto esa masa uniforme llamada pinar se muestra más rica y diversa al pasear bajo sus ramas.

Así, de un día para otro ves las columnas torcidas del carrasco, la escamación asalmonada del silvestre o las escamas rojas y lisas del pi ver o piñonero cuya especie daba, erróneamente, por ausente en estas tierras y me daba con un canto en los dientes por haber encontrado uno.

Hoy aprovecho la vuelta, no ya para hablar de cada uno de los pinos, que ya  han arraigado en el blog, sino, ya que me he puesto a ello, para contar cómo diferenciarlos.

Toda planta tiene su lugar, por lo que lo primero a tener en cuenta es el entorno. Mientras que el carrasco crece bien en cotas bajas y zonas secas, el silvestre y el piñonero necesitan más altitud o al menos frescor y humedad: por aquí los barrancos son el hábitat idóneo para esos gigantes.

A simple vista un tronco torcido es carrasco, ya que el pinus halepensis tiende a crecer formando ondulaciones que generan formas curiosas. El silvestre y el piñonero tienen el tronco más recto y, mientras el silvestre presenta escamaciones y un tono salmón en sus ramas superiores, el piñonero tiene un tronco con grandes escamas lisas de tono rojizo desde la base.

Pinos carrascos
Pinos silvestres
Pinos piñoneros

Las copas del pino carrasco son destartaladas, plagadas de piñas pequeñas que mantienen durante dos o tres años, al contrario que sus congéneres. Las copas del silvestre son cónicas en inicio y solo pierden su forma con la edad. Las del piñonero presentan su característica forma aparasolada que, como un emblema, los hace fácilmente distinguibles desde lejos.

Pinos carrasco
Pino silvestre
Pino piñonero

Las piñas son otro indicador: rojizas para el silvestre, pequeñas y grises para el carrasco y gruesas y pesadas, con los huecos de los piñones bien marcados, para el piñonero. Pero si se quieren ver bien, mejor que alzar la vista como pareciera normal, es mirar al suelo: ahí estarán más cerca.

De izquierda a derecha: carrasco, piñonero y silvestre.

Las acículas, con su forma de agujas verdes, son otra pista, aunque puede que no tan clara como las anteriores.  Todas agrupadas de dos en dos: azul verdoso para el silvestre, verdes amarillentas para el carrasco y más largas y fuertes para el piñonero.

Y hasta aquí mis hallazgos, espero que te sirvan y que, cuando pases por un pinar, reconozcas la cara de estos gigantes a la sombra de los cuales seguro que has caminado más de una vez. No hay mejor resumen que el recorrido de una mirada, de abajo a arriba: suelo, piñas, tronco, ramas y copa, para despejar las dudas.

Pino carrasco
Pino silvestre
Pino piñonero

Hay más pinos que nos quedan cerca: resinero, negro y, un poco más lejano, el canario. Dejo aquí el espacio para mostraros su rostro cuando me encuentre con ellos en clave de verde.

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