Jordi contreraS

Evoco contextoS

Chamaerops humils, margalló, palma enana, margallón, palmito, dátil zorrero.

No importa el suelo ni la cantidad de agua, basta un sitio soleado, apartado de las sombras de pinos y garroferas para que estos pólipos terrestres, coronados de abanicos verdes, puedan arraigar.

El margallò, la única especie de palmera autóctona de la Península Ibérica, es una planta perenne,  resistente a la sequía y a temperaturas de hasta – 10º, que en estado silvestre rara vez alcanza los 2m de altura. Crece ramificada, lentamente, desde la base; sus troncos están cubiertos por las hojas viejas secas o sus restos.

Se distribuye a lo largo de la costa suroeste mediterránea (excluyendo a Francia) y siendo en las costas mediterráneas de España.

Sus hojas, en forma de abanico de 11 a 43cm de ancho y de 7 a 60cm de largo, son simples, persistentes, palmadas y colgadas de peciolos con espinas laterales de 2 a 3cm. Estas hojas están divididas en numerosos segmentos (de 16 a 32) glaucos o verde-azulados y terminados en ápices bifurcados.

Sus inflorescencias nacen de los troncos, entre las hojas, y miden de 15 a 20 cm de largo. En primavera salen las pequeñas flores color crema, unisexuales o hermafroditas, de una hoja modificada o espata que se abre al madurar.

Produce pequeños frutos carnosos, redondos, de color verde en inicio, rojizos o negruzcos al madurar, que tienen un alto contenido en ácido butírico y presentan propiedades nutritivas, antidiarreícas y astringentes. 

El término Chamaerops viene del griego chamai (bajo) y rhops (vástago) que junto al epíteto latino humilis (humilde) hace referencia al porte pequeño de la planta.

La Chamaerops humilis responde al nombre común de palmito, margallò, bargallò, margallón, dátil zorrero, palma enana y dátil de perro entre otros.

De las hojas se extraen unas hebras llamadas “crin vegetal” que se utilizan en la confección de esteras, escobas, cestas, cuerdas y son utilizadas también por la industria téxtil y papelera.

Las yemas de las hojas, la médula de sus tallos y la espata de las inflorescencia (cuando son tiernas) se pueden comer, frescas o en conserva. Incluso sus raíces, por su dulzor, se han utilizado para confeccionar un sucedáneo de la zarzaparrilla. 

Estos usos son a la vez los que nos han acercado a la planta y los que, por extendidos y abusivos, casi nos  han hecho acabar con ella; ya que hoy se encuentra amenazada en muchas zonas y protegida, entre otras, en nuestras mismas tierras. 

Por suerte, para esta y cualquier otra planta, el criterio de “utilidad” se va ampliando y hoy en día se valoran otra serie de características más relevantes para el medio en el que se desarrollan. Y es que el margallò con su resistencia a la sequía, y adaptabilidad a todo tipo de suelos se convierte en un candidato perfecto para repoblar espacios semiáridos. Sus frutos sirven de alimento a muchas especies autóctonas tales como zorros y conejos, nutriendo al animal y ayudando a la dispersión de las semillas. Además su morfología densa y espinosa la convierte en una candidata perfecta para la cría de otras tantas especies.

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