Jordi contreraS

Evoco contextoS

Asentamientos

Sentados sobre una roca, observan hacia abajo el terreno semiárido erizado de tipis donde se reune el grueso de la reserva. A su espalda queda el valle fértil que había sido antaño su hogar.

—Claro que recuerdo la primera vez que los vi. Hace ya mucho tiempo, cuando llegamos a estas tierras con un carromato que se dejó algunas piezas y casi todas nuestras posesiones en el viaje.

Íbamos a California y decidimos separarnos del resto haciendo caso a unas notas que adquirí de forma un tanto peculiar en el este.

Aquel papel no mentía… -alzó la vista buscando en el cráneo el recuerdo y resopló-. Mala tierra, peor camino y mucho tiempo ganado; siempre que uno no se pierda, claro está. Nosotros nos perdimos, tú apenas levantabas un palmo del suelo, nos quedamos sin agua, sin comida y si no llega a ser por ellos, nos hubiéramos dejado también la piel en el camino.

Parecíamos sombras, puro hueso y pellejo. Al verlos, reuní todas las fuerzas que me quedaban y me dirigí a ellos. Desarmado, bandera blanca y palmas abiertas bien altas… jajjajaja “¡AMIGOS, PAZ, AMIGOS!”, les decía casi gritando, estúpidamente lento y vocalizando como si tuviera problemas para cerrar la mandíbula, mientras ejecutaba un tosco abrazo hacia mí mismo y señalaba a tu madre y al resto para que se hicieran una idea de nuestra situación… Debieron pensar que tenía frío, que había perdido la cabeza o ambas. Se miraron unos a otros interrogándose durante un silencio que se me hizo eterno.

Cuando contestaron no dijeron palabra alguna, ni siquiera entre ellos. Sus gestos eran fluidos y bien ejecutados, mejor de lo que he oído hablar a la mayoría de los nuestros; se notaba que estaban acostumbrados y no nos costó nada entender que había agua un poco más adelante, que podían darnos comida, que no había blancos en aquella zona y que no les importaba que nos quedáramos mientras siguiera siendo así.

Fueron buenos tiempos. Cambiamos la búsqueda del oro por la de nosotros mismos. Mucha gente cayó en los hoyos que hicieron para sacar algo, no me cabe la menor duda de que nosotros salimos ganando.

Para un momento, observa la tierra seca y pobre que se extiende abajo y escupe sobre la roca que los sustenta en lo alto.

-A juzgar por cómo han ido las cosas, está claro que tenían razón: ahora los huesos y pellejos son ellos. No es que defienda todo lo que han hecho, aún me estremezco al recordar alguna de sus prácticas, pero la verdad es que no estaríamos aquí si no fuera por ellos. Por eso nos alejamos cuando llegaron los nuestros, por eso acudimos a la ciudad solo para comprar lo que nos es necesario.

Así que esta noche, cuando les llevemos caballos, provisiones y pieles para que abandonen este lugar, ten presente a quién estás ayudando y, pase lo que pase, no te arrepientas.

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